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Adiestramiento canino (parte 2)

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Hacia los siete meses de vida, y una vez que el adiestramiento básico haya concluido con éxito, el perro ya tiene la madurez suficiente para comprender otro tipo de lecciones. Entonces se comienzan a enseñar posiciones, formas de caminar, actitudes, métodos de trabajo, etc., dependiendo de la función que se quiere dar al animal.

Es muy diferente el adiestramiento que se imparte a un perro que se quiere para guarda y defensa, para cuidar ganado, para presentarlo en exposiciones o, simplemente, para que haga compañía a su dueño. Si hasta ese momento la educación impartida por el amo era suficiente, ahora es posible que haya que recurrir a un entrenador profesional.

Enseñar posturas a un perro es un refuerzo de autoridad jerárquica, además de ser muy útil para calmar una actitud nerviosa, evitarle un peligro o hacerle entender lo que se quiere de él en cada momento. Al ordenarle «sentado» se pretende que el animal, además de pararse, aguarde en esa posición de descanso. Para conseguir que lo entienda se tirará de la correa hacia arriba mientras se le presiona la espalda hacia abajo con la mano. Este ejercicio se debe hacer durante pocos minutos, varias veces al día. Al principio el perro tenderá a descansar sobre las cuatro patas y, cada vez que lo haga, se corregirá levantándole y repitiendo todo desde la posición de pie.

«Quieto» es la palabra que indica una de las órdenes más utilizadas, por necesarias, y que, en la mayoría de las ocasiones, complementa las demás posturas. Decir solamente «quieto» significa que se pare donde está, pero si se añade «sentado» o «tumbado», el perro llegará a entender que lo que se quiere es que se quede en cualquiera de esas posturas hasta nueva orden. El método que se utiliza para acostumbrarlo a pararse es pasarle la correa por debajo de la pata y ejercer un movimiento de empuje hacia abajo, repetir este ejercicio durante pocos minutos dos o tres veces al día; poco a poco se puede alargar la duración del entrenamiento. La tendencia del animal será la de seguir al dueño, por lo que hay que hacerle entender que, cuando se queda parado, su amigo no lo deja abandonado y regresa siempre.

Una de las posturas más comunes entre los perros es la de acostado, con ella demuestran su sometimiento al animal más fuerte, es un acto de sumisióny acatamiento de la jerarquía, lo que no quiere decir que sea cobarde. La práctica de este ejercicio también requiere que se le presione con la mano sobre el lomo hacia el suelo; se puede utilizar la correa, colocándola bajo las extremidades delanteras y empujando, mientras se ordena «tumbado». Debe hacerse de forma que pierda el equilibrio de las patas de delante las primeras veces, poco después habrá entendido la orden sin necesidad de trucos. Seguidamente se le adiestrará para que obedezca a la orden de «tumbado» junto a la de «quieto». Pronto, el perro entenderá que cuando se le dice «quieto, tumbado», se le pide que adopte esa posición aunque el amo se separe de él y que la mantenga hasta que vuelva a su lado. El perro está siempre dispuesto a quedarse al lado del amo y caminar o jugar con él; esa disposición indica que una de las órdenes que obedecerá más fácilmente será «ven». Eso es así en la mayoría de los casos, pero se debe conseguir que lo sea en todos, incluso si está jugando o distanciado y entretenido durante un paseo al aire libre, actividades que un perro sin adiestrar no interrumpiría para obedecer a la llamada de su dueño.

El ejercicio para adiestrarlo en esta orden es fácil y da muy buenos resultados en poco tiempo; el amo le coloca la correa extensible y le ordena «quieto, sentado», acto seguido se separa unos pasos de él y le ordena «ven», las primeras veces tendrá que dar un tirón de la correa, hasta que el animal asocie la palabra con el gesto de aproximación que se pretende. A medida que progrese en el ejercicio, se irá aumentando la distancia y, cuando haya comprendido y obedezca la orden sin necesidad de la correa, será el momento de adiestrarlo suelto, pero dentro de casa o de una parcela cerrada. Superado con éxito el ejercicio, se le debe llevar al campo y allí dejarlo libre para probar la eficacia del adiestramiento. Puede ocurrir que se aleje demasiado pretendiendo que lo persigan. Eso es precisamente lo que no se debe hacer. Lo mejor es permanecer escondido: el animal se preocupará y regresará en busca de su amo. En ese momento, hay que reprender al perro, volver a ponerle la correa y recordarle el ejercicio. Si obedece a la voz del amo como se pretende, hay que premiarlo con halagos, mimos y caricias. No se deben escatimar los elogios y gestos de complacencia bien merecidos, cuando consiga caminar al lado, acoplando sus pasos a los del amo.

Una vez que el animal esté completamente habituado a las órdenes anteriores, será el momento de comenzar los ejercicios que le enseñarán a marchar al paso, adaptándose al ritmo y a la voluntad de su entrenador. Por tratarse de ejercicios que requieren paciencia, tiempo y experiencia, lo más adecuado es dejarlo en manos de un profesional. Está muy divulgado el uso del collar de castigo, especialmente para llevar a cabo este ejercicio. Se trata de un collar que, al dar un tirón enérgico a la correa, aprieta el cuello del animal dándole una sensación de ahorcamiento y obligándole a recuperar la posición deseada. Pero hay mucha gente que no es partidaria de enseñar a su perro a base de castigos, en cuyo caso el resultado tardará un poco más de tiempo, lo que también depende del grado de obediencia del perro. Para este entrenamiento, que debe ser iniciado al año de edad, se utilizará una correa corta no extensible y se colocará al perro pegado a la pierna izquierda, comenzando a caminar sin permitirle que se distancie o adelante con el auxilio de la correa. Muchas veces, el perro se parará para olisquear y el amo debe respetar esa parada, continuando después la marcha sin cederle ni un centímetro más de la longitud de la correa, de la que tirará hacia uno u otro lado para volver a la izquierda o a la derecha. Como en todos los otros ejercicios, éste tampoco debe tener una duración superior a 15 minutos, pero repitiéndolo diariamente, el perro se acostumbrará a caminar al lado de su amo hasta conseguir que lo haga sin estar sujeto a una correa.

Además de las escuelas de adiestramiento canino, existen clubes y asociaciones que se dedican a promover deportes especializados en la unión de personas y perros para la práctica de carreras, saltos o tiro. Son muchas también las federaciones de caza en distintas modalidades que promueven exhibiciones y concursos de diversas características. Hay todo un mundo de oportunidades abierto a quien quiere lucir las habilidades de su mascota.

De "La enciclopedia del Perro" por Consuelo Valero de Castro.

 

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